Guías Pastorales Para el Matrimonio Cristiano

Formación, Preparación, Celebración y Educación Continua

Tabla de Contenidos
Reconocimientos
Prefacio
Introducción
Capítulo 1: Formación
Capítulo 2: Preparación
Capítulo 3: Celebración
Capítulo 4: Educación contínua
Capítulo 5: Conclusión
Apéndices
Retroacción

Home

E

l matrimonio cristiano es un símbolo de la Alianza que une a Dios con su pueblo. (Familiaris Consortio, 12) y, en este sentido, cada matrimonio pertenece por entero a la Iglesia. El Papa Juan Pablo II escribe: “Por ello los esposos cristianos... en virtud de este sacramento, al cumplir su misión conyugal y familiar, [están] imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad” (Familiaris Consortio, 56).  La esperanza de la Iglesia es que las parejas casadas y toda la comunidad de creyentes, encuentren, en el matrimonio una “fuente específica y un medio original de santificación” (Familiaris Consortio, 56) con una garantía de paz, felicidad y permanencia.

El Vaticano II establece que:

Los cónyuges cristianos, en virtud del sacramento del matrimonio, por el que manifiestan y participan del misterio de la unidad y del fecundo amor entre Cristo y la Iglesia (Ef.5:32), se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la procreación y educación de los hijos, y, por tanto, tienen en su condición y estado de vida su propia gracia en el Pueblo de Dios (cf. 1 Cor. 7:7). Pues de esta unión conyugal procede la familia, en la que nacen los nuevos ciudadanos de la sociedad humana, que por la gracia del Espíritu Santo, quedan constituidos por el bautismo, en hijos de Dios, para perpetuar el Pueblo de Dios en el correr de los tiempos. En esta como Iglesia doméstica, los padres han de ser para con sus hijos los primeros predicadores de la fe, tanto con su palabra como con su ejemplo (Lumen Gentium §11).

La Iglesia Católica, basada en la Escritura y la Tradición, enseña “la permanencia de la unión hasta la muerte” (Carta a las familias, 1994).“El carácter indisoluble del matrimonio es la base del bien común de la familia” (ibid). El divorcio es inaceptable. “El divorcio es una grave ofensa a la ley natural. Pretende romper el contrato, aceptado libremente por los esposos, de vivir juntos hasta la muerte” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2383).

Habiendo establecido esto, la Iglesia reconoce que la gran mayoría de parejas que viene a ella para casarse, lo hace con el compromiso de crecer en el amor y en la confianza de que Dios estará presente con ellos en su caminar. Sin embargo, la Iglesia es consciente de que muchas parejas “piden casarse en la iglesia por motivos sociales, más que genuinamente religiosos” (Familiaris Consortio, 68). En algunas situaciones, los Párrocos o el Equipo Parroquial, experimentan la frustración de trabajar con parejas que no practican su fe, o tienen muy poco aprecio por el sacramento del matrimonio. Algunas parejas pueden ser más receptivas a las peticiones de sus padres o de otras personas, que a la invitación de Dios para hacer de ese matrimonio, un momento sagrado. Otros, incluso carecen de la madurez necesaria para hacer el compromiso que se espera del matrimonio cristiano. Estas guías ofrecen asistencia a los sacerdotes, diáconos, ministros pastorales y comunidades parroquiales en sus esfuerzos por preparar parejas para el matrimonio y evangelizarlas continuamente.

Jesús, nuestro Señor, promete vida en abundancia (Juan 10:10) y nos invita a que construyamos el reino de Dios basándonos en los valores de verdad, justicia y paz. Somos llamados a ser gente santa que vive de acuerdo a la alianza de amor que Dios ofreció desde el comienzo de la creación. El amor de Dios por toda la creación es un hermoso hilo enhebrado en el tejido de la historia humana y que se refleja en las historias de nuestras vidas, que son nuestra respuesta a ese don de amor.

En su carta a los Corintios (1 Corintios 23:3 ss.), Pablo habla de los muchos tipos de amor que experimentamos en la vida cotidiana. También nos invita y desafía a luchar por la perfección de este don de amor, siguiendo la misión y el ministerio del mismo Jesús. A través de los siglos, la Iglesia Católica ha reafirmado los valores de este don de Dios y la visión profundamente humana y sagrada del amor conyugal.  En palabras de la Constitución Pastoral de la Iglesia en el Mundo Moderno del Concilio Vaticano Segundo: 

"Porque Dios mismo es el autor del matrimonio, al cual ha dotado con bienes y fines varios... Cristo nuestro Señor bendijo abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y que está formado a semejanza de su unión con la Iglesia" (Gaudium et Spes # 48). 

Estas guías para el ministerio del matrimonio surgen, no sólo de la profunda preocupación por la felicidad y la realización de las parejas, sino también de la seria preocupación del papel tan importante que el matrimonio juega en la vida de la Iglesia. Fueron hechas para promover y proteger la santidad del matrimonio ayudando a las parejas a poner mejores bases para la estabilidad de un matrimonio duradero.

El matrimonio es una relación sagrada.  Para la pareja es abundancia de riqueza y dignidad. Para la comunidad, es una institución que sirve como nexo básico para unir y mantener unida a la sociedad. Para la Iglesia es un evento sacramental que muestra un signo visible de la presencia de Dios y una intervención llena de gracia en nuestras vidas.

El matrimonio cristiano expresa la nueva creación, redimida y restaurada por Cristo. En él, una unión natural es elevada a un ámbito sobrenatural. El Papa Juan Pablo II dice:

"En Cristo Señor, Dios asume esta exigencia humana, la confirma, la purifica y la eleva conduciéndola a la perfección con el Sacramento del Matrimonio.  El Espíritu Santo infundido en la celebración sacramental ofrece a los esposos cristianos el don de una comunión nueva de amor, que es imagen viva y real de la singularísima unidad que hace de la Iglesia el indivisible Cuerpo místico del Señor Jesús" (Familiaris Consortio, 19).

Consciente de este significado especial del matrimonio, la Arquidiócesis de Chicago ha preparado estas Guías Pastorales para el Matrimonio Cristiano. Estas guías han sido escritas a la luz de los más recientes documentos de la Iglesia y de acuerdo con el Código del Derecho Canónico de 1983, que hábilmente sintetiza las enseñanzas católicas sobre el matrimonio de la siguiente manera, “La alianza matrimonial, por la cual el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio para toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevado, por Cristo, a la dignidad de sacramento entre bautizados”(Canon  #1055 §1). 

Estas guías buscan también ser un recurso útil para la Pastoral Matrimonial en la importante labor de la preparación matrimonial. Hacemos un llamado a todos los miembros de la Iglesia para apoyar fuertemente los mejores programas de preparación matrimonial y cuidado pastoral en la Arquidiócesis de Chicago. 

El Compromiso: Una Oportunidad

El Papa Juan Pablo II dice:

La misma preparación al matrimonio cristiano se califica ya como un itinerario de fe. Es, en efecto, una ocasión privilegiada para que los novios redescubran y profundicen la fe recibida en el Bautismo y la alimenten con la educación cristiana. De esta manera, reconocerán y acogerán, libremente, la vocación de vivir el seguimiento de Cristo en el servicio al Reino de Dios, en el estado matrimonial” (Familiaris Consortio # 51). Dado que el período de preparación es en sí mismo, una gran oportunidad para las parejas, el compromiso puede ser tan emocionante como tenso. La emoción proviene de la ansiedad de comprometerse formalmente el uno con el otro en una comunión íntima que debe durar toda la vida. La tensión puede venir del temor de comprometerse permanentemente, de las reacciones de los demás, y las preparaciones relacionadas con el casarse y comenzar una vida marital. A veces, las parejas pueden tener la tentación de usar el período del compromiso solamente para planear la boda. En estos casos, las intensiones de la pareja pueden no ser diferentes a las de los ministros del matrimonio, para quienes el período de preparación formal es, en la mayoría de los casos, una oportunidad de evangelizar y catequizar a aquellos que vienen a celebrar el sacramento del matrimonio.

El matrimonio cristiano es una vocación sagrada que “está inscrita en la misma naturaleza del hombre y la mujer, en tanto que provienen de la mano del Creador” (Catecismo de la Iglesia Católica, #1603).  Es un sacramento de la Iglesia. Mientras que la preparación para la boda es importante y a menudo refleja la disponibilidad de una pareja para proclamar y celebrar su amor con sus parientes y amigos, el período del compromiso tiene mucho mayor significado. El compromiso es, en verdad, la primera etapa del matrimonio. Las parejas que usan el noviazgo para prepararse seriamente para el matrimonio, descubren que el compromiso es un período de oportunidad, de profundización en el amor, de crecimiento y de un nuevo entendimiento. Es una oportunidad para la formación en la fe del adulto. Aquellos que inician un matrimonio cristiano aprecian la importancia de este período por el significado del sacramento que habrán de compartir.

La comunidad parroquial: Solidaria y responsable

El matrimonio cristiano tiene muchos desafíos implícitos. Tiene, así mismo, muchas oportunidades para ser testigos de la alianza de Dios con su pueblo.  El matrimonio es importante para la Iglesia de hoy porque intenta esparcir la vida y el amor de Cristo.

La Iglesia anima y asiste a aquellos que han decidido casarse por la Iglesia, a prepararse para esta vocación. Para hacerlo bien, la Iglesia promete, por medio de sus ministros, dedicar tiempo y atención a los comprometidos. A cambio, la Iglesia pide a cada pareja que desea recibir el Sacramento del matrimonio, a que vea la preparación para el matrimonio como algo importante, valioso y necesario para ellos.

Junto con la familia y la comunidad, la Iglesia tiene gran esperanza de que las parejas desposadas experimenten la dimensión trascendente del matrimonio. Guiados por la fe y la gracia amorosa de Dios, crecerán juntos en cada fase de la vida, y darán señales externas de esa gracia a las otras personas.

Las parroquias de la Arquidiócesis de Chicago celebran miles de matrimonios cada año. Cada uno tiene el potencial para el crecimiento y la felicidad o para la separación y el dolor. La poderosa presencia de una comunidad que se preocupa por enriquecer y cuidar a sus miembros, amplía para las parejas las oportunidades de seguir caminos más exitosos. Al escuchar las historias de otros, encontrarán esperanza en su viaje marital. Así mismo, y debido a que el matrimonio cristiano es sacramental, estas historias también reflejan la historia de la relación de Dios con su pueblo a través de los tiempos. El matrimonio sacramental produce una gracia que perfecciona el amor humano de los desposados.  Cuando los cristianos se casan, se convierten en signos del amor fiel, fructífero y permanente de Dios, no sólo para ellos mismos, sino también para su comunidad.

La continua incidencia de matrimonios que fracasan apunta hacia la dificultad existente de crear un matrimonio duradero. El matrimonio es una asociación de “sumisión mutua”. Esta igualdad significa compartir el poder y ejercer la responsabilidad de un propósito más grande que nosotros mismos. La necesidad de una preparación y un apoyo matrimonial adecuado y efectivo es tan evidente, que algunos estados están aprobando leyes que buscan alentar una buena preparación y un compromiso más profundo en el matrimonio.

El divorcio y la separación ocurren más entre parejas de recién casados que entre parejas de mediana o tardía vida matrimonial. Recientes estadísticas del Departamento de Salud indican que un 32 por ciento de los divorcios en Estados Unidos, ocurren en los primeros cuatro años; 63 por ciento en los primeros diez años. La disolución del matrimonio es frecuentemente la opción que eligen las parejas con problemas en sus relaciones maritales. Esta tendencia social indica que el matrimonio moderno es frágil y vulnerable. Lo anterior es suficiente para justificar las respuestas apropiadas de la Iglesia que enfatizan la importancia del matrimonio cristiano.

La Arquidiócesis ofrece este documento como una guía para ayudar a la Iglesia en una preparación efectiva y una base de apoyo para el matrimonio. En ocasiones, hay confusión y una gran disparidad de acercamientos entre ministros y parroquias, incluso en una misma área geográfica. Por tanto, es importante que las normas arquidiocesanas ofrezcan orientación. Al mismo tiempo, debido al tamaño y la diversidad de la Arquidiócesis de Chicago, es importante aplicar las normas y estándares con una flexibilidad pastoral que dé atención y aprecie la riqueza existente en esa diversidad.

La tarea de preparar parejas para el matrimonio y continuar apoyándolas después, es una tarea desafiante. Demanda un trabajo de conjunto no sólo de los obispos, sacerdotes, diáconos y parejas casadas, sino también de la asamblea católica. El Papa Juan Pablo II, al dirigirse a los Ministros del Matrimonio, dijo: “Trabajad...con ardor y sin descanso por la salvaguardia y la santidad del matrimonio para que sea vivido en toda su plenitud humana y Cristiana. Considerad esta misión como una de vuestras responsabilidades más urgentes en el tiempo actual” (Humanae Vitae, 30)

El Papa Juan Pablo II dice en la introducción a Familiaris Consortio que: “La Iglesia, iluminada por la fe, que le da a conocer toda la verdad acerca del bien precioso del matrimonio y de la familia y acerca de sus significados más profundos, siente una vez más el deber de anunciar el Evangelio, esto es, la ‘buena nueva’, a todos indistintamente, en particular a aquellos que son llamados al matrimonio y se preparan para él, a todos los esposos y padres del mundo".

La decisión de casarse de una pareja es trascendental. Con su compromiso comienza un tiempo de gran ansiedad y preparación. La Iglesia tiene la responsabilidad de acompañarles en cada fase, desde la preparación inicial del matrimonio cristiano hasta su unión de por vida en Cristo. Estas Guías Pastorales para el Matrimonio Cristiano se ofrecen con la esperanza de que las diferentes comunidades de la Iglesia Católica las apliquen de una manera responsable y solidaria. Por medio de este exhaustivo ministerio del matrimonio, la Iglesia asistirá a las parejas, más efectivamente, en el reconocimiento de la gran esperanza a la que han sido llamadas y en el gran símbolo en que se convertirán para la comunidad cristiana.

Back Next